Dos médicos. Una discoteca. La verdad.
Fortul · Arauca · Frontera con Venezuela
Fortul · Arauca · 1999
Hay verdades que no se dicen en la oficina. Que no se dicen de día. Que no se dicen entre personas que se acaban de conocer. Hay verdades que solo salen de noche, en una discoteca, entre dos personas que ya se tienen confianza. Y a veces, esa verdad cambia todo.
Odontólogo. Egresado de la Universidad Nacional de Colombia. El mejor amigo del alcalde. Hombre de pueblo, de fiesta, de discoteca. De los que dicen la verdad cuando la noche y la confianza se lo permiten.
Médico. Egresado de la Universidad Nacional de Colombia. Amigo de barrio del Dr. Uriel. Hombre de costumbres distintas: no ingería licor, y menos en sitios públicos. Candidato propuesto de común acuerdo por las FARC y el ELN para acabar con la cadena de alcaldes asesinados.
Dos amigos de barrio. Dos médicos de la Nacional. Dos hombres que se conocían desde antes de Fortul, desde antes del conflicto, desde antes de todo esto. Uno llegó como alcalde. El otro llegó con él. Y yo llegué sin saber nada de ninguno de los dos.
Aproveché la diferencia entre los dos. El alcalde era discreto, cuidadoso, nunca en sitios públicos con licor. El Dr. Uriel era todo lo contrario. Y yo necesitaba entender en qué estaba metido.
Fuimos a una discoteca, de noche. El arpa de fondo, las luces bajas, el calor de Arauca colándose por las puertas. El Dr. Uriel tomó confianza, como tomaba siempre con quien él consideraba su amigo. Y yo lo escuché. Sin interrumpirlo. Sin juzgarlo. Con esa paciencia de quien sabe que lo que va a escuchar va a cambiar muchas cosas.
Me contó todo. Los dos grupos, el acuerdo, el médico candidato, el sistema que tenían montado. Me lo dijo como quien descarga un peso que llevaba tiempo cargando. Y yo lo tomé de la forma más natural del mundo. Ya estaba metido en la boca del lobo. La única diferencia era que ahora lo sabía.
"Ya estaba metido en la boca del lobo.
Lo tomé de la forma más natural."
Entonces entendí muchas cosas que antes no tenían explicación. Por qué me vigilaban. Por qué había sitios vedados. Por qué la gente me decía que yo venía "a trabajar por el partido." Por qué los tres escoltas del alcalde eran exactamente esos tres y no otros.
✦ Los tres escoltas del alcalde ✦
El más allegado al alcalde. Representaba al grupo que había propuesto la candidatura. El que controlaba los sitios a los que yo podía ir.
El contrapeso. El equilibrio del acuerdo entre los dos grupos. Los sitios de los liberales eran los sitios del ELN, y yo no podía estar ahí.
El único sin partido. El que más se comunicó conmigo. El que me trató simplemente como a una persona, no como a una ficha en un tablero.
Así funcionaba Fortul en 1999. Así funcionaba buena parte de Colombia, aunque Bogotá no quisiera verlo. Cada escolta representaba un poder. Cada sitio del pueblo tenía dueño político. Cada movimiento mío era leído por alguien como un mensaje que yo ni siquiera sabía que estaba enviando.
Cuando el alcalde me decía "Miguelito, unos amiguitos suyos quieren conocerle personalmente", yo ya sabía quiénes eran los amiguitos. Ya sabía lo que significaba esa invitación. Y aprendí algo que me ha servido toda la vida: en ciertos contextos, la mejor respuesta no es negarse ni aceptar de inmediato. Es escuchar, observar, y actuar con la cabeza fría.
El que pierde la cabeza en la boca del lobo, es el primero que el lobo se come.
El Dr. Uriel y yo seguimos siendo amigos mucho tiempo después de Fortul. Hasta su muerte. Hay personas que uno conoce en circunstancias que nadie elegiría, y que sin embargo se convierten en las más honestas y leales de toda la vida. Él fue una de esas personas para mí. La verdad que me dijo en esa discoteca en Arauca no me asustó. Me protegió.
✦ Lo que esto le enseña a un joven ✦
El conocimiento protege más que la ignorancia. Yo podría haber seguido sin saber en qué estaba metido. Tal vez habría sido más cómodo. Pero la ignorancia no te hace invisible: solo te hace más vulnerable.
Cuando el Dr. Uriel me dijo la verdad, yo no huí, no me desesperé, no tomé decisiones precipitadas. Seguí siendo lo que era: un técnico de sistemas haciendo su trabajo con honradez. Esa coherencia fue mi escudo.
En la vida, te vas a encontrar en situaciones que no elegiste y que no puedes cambiar de inmediato. Lo que sí puedes controlar es quién eres tú dentro de esa situación. Eso nadie te lo puede quitar.