Donde hay violencia, hay amor

Prólogo

La historia que me robaron, y que nunca perdí

Bogotá Fortul · Arauca Sácama · Boyacá Bogotá

1999 · Una historia con fines educativos

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El manuscrito robado · Sácama, Boyacá · 1999 Sácama · Boyacá · Colombia · 1999

En 1999 escribí un libro. Lo llamé "Proceso de paz... ¡un negocio redondo!" No era un título provocador. Era un reporte. Lo que mis ojos habían visto desde adentro.

Todo empezó con dos computadores. Trabajaba en Bogotá haciendo mantenimiento y desarrollo de software, cuando un amigo me pidió que arreglara dos equipos y los llevara a una dirección. Los arreglé, los llevé, y el hombre que me recibió me hizo algunas preguntas. Al final me dijo: "¿Le gustaría trabajar fuera de Bogotá?" La situación económica no era la mejor. Dije que sí.

Días después sonó el teléfono. Era él: "Habla con el Dr. X, soy el alcalde de Fortul, Arauca. Necesito que venga a trabajar acá. No se preocupe por dinero. Le espero tal día."

Llegué. Me dieron dónde vivir, dónde comer. Me dijeron lo que tenía que hacer en la parte de sistemas. El alcalde me trató de la mejor manera. No sabía nada de sus vínculos. Todavía no.

Fortul era en esa época un municipio del departamento de Arauca, el segundo que encontraba uno viniendo desde el interior del país. Un lugar donde en años recientes habían asesinado a ocho alcaldes y dejado inválidos a dos más, por los desacuerdos entre las FARC y el ELN. Yo no lo sabía cuando llegué. Lo fui entendiendo despacio, como se entienden las cosas que nadie te dice directamente.

La gente de la alcaldía me decía: "Usted viene a trabajar acá por el partido." Yo no entendía. Pero me causaba extrañeza cuando me impedían ir a ciertos sitios, cuando había gente que me vigilaba, cuando me advertían que no podía estar en determinados lugares. Me hice amigo del mejor amigo del alcalde, y en medio del furor de unos tragos, me contó la verdad.

Los dos grupos armados se habían puesto de acuerdo para cesar las muertes de funcionarios y proponer un candidato conjunto: un médico bogotano, hombre de bien, que no sabía en qué lo estaban metiendo, o tal vez sí. Los tres escoltas del alcalde lo decían todo: uno pertenecía a las FARC, otro al ELN, el tercero era civil.

Las FARC eran "el partido". El ELN eran "los liberales". Por eso había sitios a los que yo, como empleado del partido, no podía entrar. El alcalde me lo decía con esa suavidad tan colombiana, esa forma de decir lo grave como si fuera un favor: "Miguelito, unos amiguitos suyos quieren conocerle personalmente."

El problema no fue entrar. El problema fue salir.

Venía paro armado tras paro armado. Terminaba uno de las FARC y empezaba el del ELN, y sobre todo eso, la amenaza de que los paramilitares iban a tomar el poder. Después de un año, le dije al alcalde que necesitaba viajar a Bogotá a visitar a mi familia. Me dijo que alguien me recogería en la alcaldía y me llevaría a un sitio donde me darían el permiso para salir.

Salí en avión con un pasaje a nombre de un periodista, con dos computadores portátiles que llevaba para reparar en Bogotá. En ese viaje me enteré de muchas cosas que el propio gobierno prefería que nadie supiera. Eso también está en este libro, protegido como debe estar, pero presente. Porque la verdad no desaparece aunque la guarden en silencio.

Escribí todo lo que viví. Páginas a mano, meses de trabajo, la verdad puesta en palabras con la ingenuidad valiente de quien cree que escribir algo es suficiente para que importe. En el viaje de regreso, por la vía Sogamoso, en un punto llamado Sácama, en el departamento de Boyacá, hubo un retén.

Me pidieron los documentos. Entre ellos estaba el manuscrito. Páginas escritas a mano, todo lo que había visto y vivido, todo lo que Colombia necesitaba saber sobre cómo funcionaba realmente el negocio de la paz. Se lo llevaron todo. Sin explicación. Sin negociación. Solo el polvo de la carretera de Boyacá y el silencio que deja lo que te arrancan de las manos.

Perdí el papel. Nunca perdí la historia.

"Cuando el ser humano aprende a convivir con la violencia, entiende el verdadero amor."

— El autor · Educador desde AntioquIA

Veinticinco años después, aquí está. No con afán de señalar ni de juzgar. Con un solo propósito: que los jóvenes que lean esto entiendan que los caminos que parecen fáciles son exactamente los más peligrosos. Que la vida cobra todo lo que uno no paga con esfuerzo propio. Que el conocimiento, el trabajo y el amor son las únicas monedas que nadie puede robarte en un retén.

✦ Proverbios escritos en Arauca · 1999 ✦

1

Las cosas fáciles son las que hacen realmente la vida difícil.

2

Sé veloz con tu mente, así requerirás menos esfuerzo físico.

3

Si siempre piensas en hacer el bien, toda la vida vivirás pobre.

4

La grandeza del ser humano se basa fundamentalmente en su capacidad para amar y compartir su conocimiento.

El tercero duele. Lo sé. Lo escribí cuando tenía los ojos abiertos de par en par frente a un sistema que premia la trampa y castiga la honradez. Pero lo dejo aquí porque es verdad, y porque la verdad, aunque duela, es la única cosa que nos puede hacer libres. Y el cuarto es mi respuesta. Siempre lo fue.

Para quien lee esto

Si eres estudiante y sientes que la vida no ha sido justa contigo, este libro es tuyo. Si eres educador y a veces dudas de si tu trabajo sirve, este libro es tuyo. Si alguna vez te quitaron algo que habías construido con esfuerzo y no entendiste por qué, este libro es tuyo.

No busco que admires lo que viví. Busco que lo uses como escalera. Que alguien, en algún rincón de Colombia, lea estas páginas y decida no tomar el camino fácil. Que decida ganarse las cosas. Con eso me basta. Con eso me sobra.

Y si algo aprendí es esto: en Colombia, la línea entre el Estado y los grupos al margen de la ley a veces no existe. A veces es el mismo Estado el que paga para que lo dejen trabajar. Eso no lo dicen los libros de texto. Lo saben los que estuvieron allá. Por eso este libro existe.

Yo lo que siempre le pido a Dios es que me dé las cosas que me gane por mi comportamiento, esfuerzo y trabajo. Nada más. Nada menos. Con la ayuda de Dios, estaré hasta que él me lo permita. Y mientras esté, educaré con amor.

El Autor

Educador · Escritor · Sobreviviente · Creyente

Mocoa, Putumayo · Bogotá, Cundinamarca
Fortul, Arauca · Antioquia · Colombia
1969 — hasta que Dios lo permita

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