Quería ser médico. Mi padre quería militar.
Mi madre quería sistemas.
Al final, mi madre tenía razón.
"El conocimiento es el único equipaje
que nadie te puede quitar en un retén.
Lo aprendí de la manera más dura."
Terminé el bachillerato en 1988. Después de haberle cogido el ritmo a la ciudad, después del año y medio perdido, del inglés reprobado, del cambio de colegio. Lo terminé. Y con eso claro, vino la pregunta que todo joven enfrenta y que nadie responde igual: ¿y ahora qué?
"Haz carrera militar."
"Estudia sistemas."
"Ser médico."
Con todo lo que costó llegar hasta ahí. El año y medio perdido, el inglés reprobado, el cambio de ciudad, la casa construida a la par. Terminado. Ese papel nadie me lo quitó.
Pasé el examen de admisión. Cuando fui a matricularme me dijeron que no tenía la situación militar definida. Rechazaron mis documentos. Ruby iba a costear todos mis estudios. Un papel. Una ventanilla. Una puerta cerrada.
Mi hermana Ruby me inclinó hacia la Ingeniería Civil. Tenían una constructora: Construcciones Rodrigo Moya y Cía. Hice cuatro semestres. Definitivamente no era lo mío. Pero algo despertó ahí adentro que cambiaría todo.
Los cuatro semestres de La Salle despertaron el amor por el software. Lo que me dio para sobrevivir con mi familia. Lo que me llevó a Arauca. Lo que sigue siendo mi pasión hoy en Antioquia. Mi madre tenía razón desde el principio.
"Quería ser médico.
Terminé curando mundos con código."
La situación militar no definida que cerró las puertas de medicina no fue un fracaso. Fue una redirección. Dios tiene una forma particular de decirte que el camino que elegiste no es el que te tiene preparado. A veces te lo dice con una ventanilla cerrada. A veces con cuatro semestres de ingeniería que no eran lo tuyo pero que despertaron algo que sí lo era.
El software no lo estudié en un aula. Lo aprendí haciéndolo. Arreglando computadores. Desarrollando. Practicando. Y esa forma de aprender, autodidacta, práctica, orientada a resolver problemas reales, es la misma que hoy transmito como educador. Porque la mejor escuela siempre ha sido la vida misma.
A lo largo de este camino se fueron consolidando las pasiones que definen quién soy. No una sola. Varias. Porque un ser humano completo no tiene una sola llama adentro.
Diseño y desarrollo. Lo que da de comer. Lo que conecta mundos. La pasión que sigue.
Liga de Bogotá, siete años. El idioma universal que abrió todas las puertas sociales.
Desde niño aplicado. El premio siempre fue viajar. Hoy el premio es poder enseñar.
En precario español. Con verdad pura. Un libro robado en 1999 que hoy vive en estas páginas.
✦ Cierre del Territorio II · Cundinamarca ✦
"Cundinamarca me dio mi familia, mis estudios
y aprendí cómo sobrevivir en cualquier parte."
Ruby que abrió la puerta sin preguntar.
Rodrigo que construyó con sus manos lo que nosotros necesitábamos.
El bachillerato terminado con todo lo que costó.
La medicina que no pudo ser. La ingeniería que despertó el software.
El fútbol como pasaporte. La fiesta donde apareció ella.
Anngie. Camila. Miguel Ángel Jr.
Y el conocimiento como el único equipaje
que nadie puede quitarte en un retén.
"Mi madre tenía razón.
Siempre la tuvo."
✦ Lo que el Territorio II le enseña a un joven ✦
Una puerta cerrada no es el final del camino. Es una redirección. La medicina que no pudo ser llevó al software que alimentó una familia, que llevó a Arauca, que llevó a Antioquia, que hoy educa con amor. Ningún paso fue en vano.
Escucha a tu madre. No siempre. Pero cuando ella dice algo con esa certeza tranquila que tienen las madres que conocen a sus hijos mejor que nadie, escúchala. Mi madre dijo sistemas. Y tenía razón desde el principio.
El conocimiento es el único pasaporte que nadie te puede quitar. No en un retén. No en una crisis. No en ninguna parte. Lo que aprendes se queda contigo siempre. Invierte en eso antes que en cualquier otra cosa.