El fútbol como pasaporte. El inglés como talón de Aquiles. Y en una fiesta de cumpleaños, el amor.
Localidad de Fontibón · Barrio La Francia
CODIF · República de Costa Rica · Liga de Bogotá
1984 — y lo que vino después
"Seguiré escribiendo en mi precario español.
Porque las historias que importan
no necesitan traducción."
Bogotá era enorme. Fría. Gris. Un muchacho del Putumayo con catorce años mirando esa ciudad al amanecer desde un bus entiende de inmediato que las reglas son diferentes aquí. Que hay que aprender rápido o quedarse atrás.
Lo primero fue el colegio. Mi madre había trabajado en el Fondo Educativo Regional, lo que hoy sería la Secretaría de Educación. Eso ayudó. Pero había un problema que nadie había calculado: en Putumayo el calendario era B. En Bogotá era A. Llegamos a mitad de año. Perdimos medio año antes de empezar.
Cambio traumático. Perdimos el año. Mi hermana Goyita y yo. Dos materias reprobadas: matemáticas e inglés. Habilitamos las dos. Volví a perder inglés. El inglés nunca ha sido lo mío. Ni lo será.
Retiré mis propios papeles del CODIF. Me matriculé solo. Sin que nadie me lo dijera. Aquí terminé el bachillerato. Y aquí el fútbol abrió todas las puertas sociales que el cambio había cerrado.
El fútbol ha sido una de mis grandes pasiones. Y en Bogotá fue el idioma universal. Cuando uno llega nuevo a una ciudad y no conoce a nadie, el fútbol es el pasaporte más eficiente que existe. Por mis capacidades en ese deporte fue fácil hacer amigos. Jugué en la Liga de Bogotá durante siete años, solo a nivel aficionado, pero con toda la entrega del mundo.
"El inglés nunca fue lo mío. Ni lo será.
Seguiré escribiendo en mi precario español."
En una fiesta nocturna de cumpleaños de una compañera de colegio, apareció ella. Hija de un pensionado de la Policía Nacional. Muy sencilla. Hermosa. De esas personas que uno no ve sino cuando la fiesta termina, cuando el ruido baja y queda lo que de verdad vale la pena mirar.
Cosas de Dios. Me dio su número telefónico y empezó todo. Así de simple. Así de profundo. Una fiesta que termina, un número en un papel, y de ahí tres hijos adorados, un hogar construido, y una historia que todavía se está escribiendo.
El motivo por el que formé mi primer hogar. Hermosa. La primera. La que cambió todo con su llegada.
Mi negra hermosa. Una bendición más para mi vida. Siempre quise hijas. Las mujeres para mí son lo máximo.
El rey de la casa. Llegó como bendición en un viaje de Bogotá a Arauca, diez años después. El que cerró el círculo.
Siempre quise hijas. Las mujeres para mí son lo máximo. Desde mi madre, desde Ruby, desde todas las mujeres que han sido columna en mi vida. Anngie y Camila llegaron primero. Y diez años después, en un viaje de Bogotá hacia Arauca, en el capítulo más intenso de mi vida, llegó Miguel Ángel Jr. El rey. Como si Dios hubiera esperado el momento exacto para cerrar ese regalo.
✦ Cierre del Territorio II · Cundinamarca ✦
"Bogotá no me regaló nada.
Me prestó el espacio para construirlo todo."
El año y medio perdido que no me detuvo.
El inglés que reprobé y que hoy no importa.
El fútbol que abrió puertas que el idioma no podía abrir.
La casa construida ladrillo a ladrillo con Rodrigo.
La fiesta de cumpleaños donde apareció ella.
Anngie. Camila. Miguel Ángel Jr.
Todo eso fue Cundinamarca.
"Las ciudades grandes no te abrazan.
Pero sí te enseñan a abrazarte a ti mismo."
✦ Lo que el Territorio II le enseña a un joven ✦
Perder tiempo no es lo mismo que perder el rumbo. Año y medio de estudio perdido. El inglés reprobado dos veces. El cambio traumático de ciudad. Y sin embargo, bachillerato terminado, familia formada, casa construida, hijos adorados.
Usa lo que tienes para abrir puertas. El fútbol fue mi pasaporte social en Bogotá. Tú tienes algo así. Puede ser música, puede ser arte, puede ser cualquier habilidad que te hace diferente. Úsala. No la guardes para cuando sea el momento perfecto. El momento perfecto es ahora.
Y sobre el amor: aparece cuando menos lo esperas, al final de una fiesta, en un número de teléfono, en una persona sencilla que uno no ve sino cuando el ruido baja. No lo busques con desesperación. Sé la persona que merece encontrarlo.