El Trampolín de la Muerte · Mocoa a Pasto
Territorio I · Putumayo · El Cierre
03

El Trampolín
de la Muerte

"Mi vida no ha sido fácil.
Pero sigo con fuerzas dejando un legado."

Mocoa · Putumayo → Pasto · Nariño
8 horas de trocha · Curvas sin baranda · El abismo
14 años · Una misión · Una niña de 4 años

"El destino me maduró rápido.
Pero yo también lo dejé."

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La vida no siempre te pregunta si estás listo. A veces simplemente llega, te pone algo en frente, y espera a ver qué haces. Yo tenía catorce años cuando llegó mi momento.

Mi hermana por parte de madre había padecido problemas mentales desde joven. Víctima de un maleficio, decían en el Putumayo, y en el Putumayo esas palabras tienen peso, no son metáfora. Había sido abusada. Y de ese abuso había nacido una niña que yo sentía mía, que llevaba al jardín infantil, que cuidaba como si fuera mía porque en el fondo lo era. Cuatro años tenía ella. Yo catorce.

Un día mi hermana tuvo uno de sus episodios y desapareció con la niña. La siguiente noticia fue que estaba en Pasto, en casa de un tío paterno. Y que el ICBF iba a quitarle la niña.

"Era prácticamente mi hija.
No lo pensé mucho. Le dije a mi padre que me llevara."

— El autor · 14 años · Mocoa, Putumayo
Mocoa
Putumayo · El origen
8 horas · Trocha
Pasto
Nariño · La misión
20 horas · Bus
Bogotá
Cundinamarca · El nuevo comienzo

La carretera entre Mocoa y Pasto era conocida como el Trampolín de la Muerte. No era un nombre poético. Era una descripción exacta. Ocho horas por trocha de montaña, curvas sin baranda sobre el abismo, niebla que se comía el camino, y uno viajando encomendándose y tratando de no mirar hacia abajo. Yo lo había hecho antes. Sabía lo que era. Fui igual.

Llegamos a Pasto. Mi padre me mostró la casa donde estaba mi hermana, en casa del tío paterno. Entró conmigo, me ubicó, y ahí me dejó. Él tenía su vida, su familia, sus razones. Yo tenía una misión.

Entré con engaños. No había otra manera. Le dije a mi hermana lo que necesitaba decirle para que me entregara a la niña sin pelea. Me duele hasta hoy haberle mentido. Pero la alternativa era peor: que el ICBF se la llevara y perdiéramos a esa niña para siempre.

La niña me miró con esos ojos de cuatro años que no entienden bien lo que pasa pero sienten quién los cuida. Me aferré a ella. Ella se aferró a mí.

Volví donde mi padre. Le pedí el dinero para los tiquetes. Pasto a Bogotá, vía terrestre. Veinte horas de carretera. Regularmente lo había hecho en avión desde Puerto Asís, con la comodidad de quien va de visita. Esta vez era diferente. Esta vez era de vida o muerte.

Subí a ese bus con una niña de cuatro años en los brazos, catorce años encima, y la certeza de que no había vuelta atrás. Afuera la noche se comía la carretera. Adentro, ella dormía contra mi hombro sin saber que los dos estábamos solos en el mundo, camino a una ciudad que yo tampoco conocía bien.

Veinte horas. Bogotá apareció al amanecer, enorme y fría, como aparecen las ciudades cuando uno llega sin que nadie lo espere. Habíamos llegado.

Amamantado por dos madres. Con diecisiete hermanos siendo hijo único. Pagano de una familia que cargó sus guerras sobre mí. Testigo de una toma guerrillera a los once años. Defensor de su madre con un cuchillo al frente a los quince. Y a los catorce, cruzando el Trampolín de la Muerte con una niña en brazos para rescatarla del olvido y de la burocracia.

Eso fue el Territorio I. Eso fue Putumayo. No una región olvidada. No un departamento de conflicto. Una escuela de vida que no tiene paralelo. La escuela donde aprendí todo lo que después me sirvió para sobrevivir en Bogotá, para aguantar en Arauca, y para enseñar con amor desde Antioquia.

✦ Cierre del Territorio I · Putumayo ✦

"Putumayo no me dio una infancia fácil.
Me dio algo mejor: un carácter que ninguna comodidad puede construir."

Mocoa · La Cadena · El barrio donde la pólvora a veces era fiesta y a veces no.
La familia de 17 hermanos siendo hijo único.
La madre que trabajó toda la vida y murió de la enfermedad de los que no trabajan.
El Trampolín de la Muerte. La niña de cuatro años. El bus de veinte horas.
Todo eso fue antes de los quince años.

"Mi vida no ha sido fácil.
Pero sigo con fuerzas dejando un legado."

✦ Lo que el Territorio I le enseña a un joven ✦

El lugar donde naciste no decide lo que serás. Pero sí te da herramientas que nadie más va a tener. Un niño del Putumayo que aprende a leer el conflicto, a defender a los que ama, a cruzar el Trampolín de la Muerte por amor, llega a cualquier ciudad del mundo con algo que no se compra ni se estudia: temple.

No le tengas miedo a la vida difícil. Témele a la vida vacía. A la vida que pasa sin que uno haya hecho nada que valga la pena contar. Esta historia vale la pena contarla. Y la tuya también.

El amor es la única razón válida para cruzar un abismo. Todo lo demás puede esperar. Una niña de cuatro años que te necesita, una madre que hay que defender, una verdad que hay que escribir: esas son razones suficientes. Siempre lo serán.

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